Virus
12 de Abril del 2010, escrito por Antonio
de la palabra latina virus, toxina o veneno.
Entre los biólogos se discute si los virus son o no organismos vivos. Algunos consideran que no están vivos, puesto que no cumplen los criterios de definición de vida, no están formados por células, sin embargo tienen genes y evolucionan por selección natural. Otros biólogos los han descrito como organismos en el borde de la vida. El virus permanece en la no-vida que es su cautiverio, está solo y es insignificante, no puede existir más que en sí mismo. El virus es minúsculo e inerte pero es. Al entrar en contacto con una célula huésped, la transformará y hará lo propio con las de su alrededor, y así sucesivamente. El virus no contempla posibilidades, su camino es único. Al introducirse entra en una fase dinámica en la que se replica, utiliza las enzimas de la célula huésped, sus ácidos nucleicos, sus aminoácidos y sus mecanismos de reproducción. Así, llevan a cabo lo que no pueden realizar solos y lo hacen para no alterar su aislamiento. Se apropian de todas la funciones de la célula para vivir a través de ella, sin embargo su vida sigue siendo la no-vida de la que partieron, porque no pueden permanecer y su encierro crece pero es inalterable. El virus sólo acepta el uso de su lenguaje y no es su intención dar una función normalizada a la célula para conseguir un huésped sometido, su programa es mínimo, sólo pueden transformarla en sí mismos, en dicho proceso reside la capacidad destructora de los virus. La intromisión parasitaria altera y consume a la célula, como en el caso de los virus patógenos, que actúan destruyendo o dañando las células en las que se han reproducido cuando las abandonan.
Establecen unas pautas sencillas de comportamiento: alojamiento, sustitución y, en la mayor parte de los casos, destrucción. Y un exclusivo leit motiv de reproducción por clonación, siendo siempre más para no dejar de ser lo mismo, porque el único motivo del virus es la nada o la repetición de la nada.
Existen tres tipos de virus para abarcar toda forma de vida: la animal, la vegetal y la bacteriana. Dentro de ellos existen infinidad de divisiones y episodios en los que el virus cabe, como la gripe, el sida, la heroína, los vampiros, las hipotecas, los zombis, el catolicismo, los troyanos, los ultracuerpos, el comunismo, las finanzas o el lenguaje, son algunos por citar unos pocos de los virus con los que más o menos tenemos que convivir todos los que estamos del lado del espectáculo.
La historia de los virus es tan antigua como la historia natural, pero los humanos los conocemos desde hace relativamente poco tiempo. Ha sido durante el siglo XX cuando se ha investigado el hallazgo para analizarlo científicamente y al mismo tiempo comenzaba a hacerse popular también de una forma metafísica. En el año 1897 se acuñó el término virus por el microbiólogo holandés Martines Beijerinck, precisamente ese año Bram Stoker publica Drácula y Marconi patenta la radio, esto proporciona al año una complexión definitiva. Aquel fue el pistoletazo de salida para el siglo en el que se sucedieron los movimientos de vanguardias artísticas y las guerras mundiales que culminaron en la bomba H, dando empaque al siglo del “progreso” y la desesperación. A pesar de la multitud de movimientos artísticos emancipadores que se han ido sucediendo, sólo un siglo más tarde, ya consideramos antigua la idea de que el arte está muerto por deshumanización, se ha aceptado con docilidad el hastío y la calma del vacío.





