Los sueños no hacen daño a nadie

20 de Febrero del 2007, escrito por Antonio

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He tenido un sueño inquietante y divertido. Creo que se debe a que ayer pensé en escribir sobre el miedo que me da el PP, y como el protagonista silencioso del sueño es el pater espiritual de dicho partido, supongo que en realidad ha sido terapéutico.


Iba con mi familia en coche por una carretera de montaña hacia no sé dónde. Pasamos cerca de una casa en la que mis padres se detienen para cumplir con una visita ineludible, dicen. La casa es grande, oscura y decadente, entramos hasta un salón en el que, en torno a unas cuantas personas, pocas, está sobre una gran mesa de madera el ataúd con los restos del generalísimo. Me porto bien conmigo durante el sueño y el ataúd está cerrado, no tengo que ver el cadáver en ningún momento. A mí la situación en principio no me parece demasiado extraña, me dejo adaptar al sueño con facilidad; entro y saludo, allí están la caudilla, Doña Carmen Polo y alguno más de su rancia estirpe, un cura con sotana y también Iturriaga, el jugador de baloncesto reconvertido en presentador de televisión, un señor de extravagante estatura que a mí ni siquiera me hace demasiada gracia, pero ahí está, sobresaliendo por encima de todos los presentes.

Mis padres dan protocolariamente el pésame y se unen después a las conversaciones en voz baja. Poco después al cura se le ocurre decir unas oraciones al difunto, todos se ponen muy serios y rígidos en torno a la mesa en la que descansa el féretro. Yo pienso en lo que me voy a reír cuando cuente todo esto, y continúo detrás, un poco al margen de lo que está pasando con la cabeza baja. Recitan una oración larga que no había oído jamás, levanto un poco la vista y descubro que la caudilla me mira fijamente. Mis labios están inmóviles y yo sé que ella sabe. Que ha comprendido que no sólo no soy un buen católico sino que desprecio al muerto. Pero no dice nada, reza y me mira.

Inmediatamente después de concluir la oración se baja el ataúd de la mesa al suelo, ponen un mantel de hilo y traen la cena. Una vez que la caja con los restos del dictador ha desaparecido de la vista todos nos animamos un poco. Iturriaga cuenta anécdotas que hacen reír a todos, yo como y bebo divertido mientras a veces de reojo miro el féretro que está junto a mi pie derecho. De pronto por una pequeña ventana asoma medio cuerpo Carlos Latre ondeando una pequeña banderita de España en la que se lee “una, grande y libre”, disfrazado con una camisa azul y un bigotito fino. A la caudilla le hace gracia para sorpresa de todos, le quita importancia con un comentario sobre lo tonta que es la tele, así que seguimos comiendo mientras escuchamos a Iturriaga que termina tan borracho que se tumba en un sofá enorme en el que a pesar de todo le sobresalen los pies. Ahí me despierto.

Mientras pensaba, divertido, en el sueño, he recordado esa mítica canción de Siniestro total, con la que tan buenos ratos pasé cuando era crío.

3 comentarios para “Los sueños no hacen daño a nadie”

  1. boquerón Says:

    jajajajajajjajajaja….
    jajajajaja… ufff..
    jaaaaajajajaaa… ay ay…

    ¡Gran sueño!, yo le hubiera añadido un final épico: Iturriga sodomizando a Carmen Polok sobre el féretro mientras Carlos Lastre vomitaba en la larga espalda del primero. Jejeje, genial!!, sobre todo que pudieras beber y comer felizmente con el caudillo fiambre junto a tu pie derecho.

  2. Sister ^^ Says:

    Siempre me ha encantado la patafísica de los sueños, que en su esencia son pura racionalidad

  3. irene Says:

    Siniestro total resume en esa canción lo que mucha gente hizo tras la muerte del Caudillo. Además se abrieron infinitésimas botellas de champán.

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