Unos días en Berlín (siempre son pocos)

1 de Marzo del 2006, escrito por Antonio

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Qué rápido pasa lo bueno, hace apenas nada que preparaba irme y ya estoy de vuelta. El tiempo se evapora en Berlín a una velocidad sorprendente. Tanto por hacer, tanto por ver en una ciudad que está transformándose constantemente, que crece hacia dentro y hacia fuera, que se reconstruye al tiempo que se reinventa. Bloques del centro de la ciudad con parques infantiles en los patios interiores, caballos pastando frente a la Berlinische Galerie, decoración personalizada para las fachadas, enredaderas, estallidos de pintura, grafitis y bicicletas por todas partes, el indiscreto encanto del Tacheles, cortos en lugar de publicidad en el canal metro… los alemanes saben lo que se hacen. El ave fénix de las capitales europeas quiere ser (y será) la capital de Europa. Así están las cosas.

Anéctotas? por supuesto, pero la que se lleva la palma es el enorme zorro que se nos cruzó alrededor de las diez de la noche cuando paseábamos  por Wilhelmstrasse, el mismísimo centro de la ciudad, la calle donde estaba localizado antaño el poder político del imperio alemán y que Hitler convirtió en el centro de poder nazi, y también donde estuvo el bunker en el que se suicido. Cuánto morbo. Aún pensando después que debía haber salido del Tiergarten, que está cerca y que más que un parque es un pequeño bosque, no se nos pasó la impresión.

Lo mejor:

-La arquitectura.

-Que se respeten y conserven los grafitis y las pintadas en las fachadas confiere a la ciudad el aspecto de una enorme obra de arte moderno.

-La exposición de la Berlinische Gallerie. Escultura, pintura, instalación, arquitectura, dibujo. Discubrí al dibujante alemán Klaus Vogelgesang. Muy muy buena la expo, ya la quisiera el Reina Sofía, que amplía para meter durante meses la porquería esa de homenaje al Quijote.

-También algunos cuadros de Menzel en la Alte Nationalgalerie, y claro la sala impresionista completa.

-El precio de pasar unos días allí. Los hoteles y la comida son baratos.

Lo peor:

-La exposición de homenaje a Picasso en la sala Guggenheim. Menudo timo. Dos esculturas de Picasso y una instalación con paneles llenos de números en las paredes. Horrible.

-Las obras. Me habría gustado ver Unter den Linden sin zanjas y grúas, soy caprichoso.

Tendré que volver.
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No puedo evitar compartir con vosotros el video que me manda Abel y que me recibe de vuelta. Me he descojonao, claro.
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